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Homilia

Reflexion por:

Padre Roberto Mena S.T.

Director de Comunicaciones

Siervos Misioneros de la Santisima Trinidad





Homilia


Comentario al Evangelio del  14 de Enero de 2018. Domingo 2 Tiempo Ordinario, Ciclo B



VOCACION A LA FELICIDAD


En nuestro tiempo muchos tienen miedo de escuchar la palabra "vocación". Evidentemente, no saben de qué se trata. No existen personas sin vocación, porque no hay personas sin misión. Se escucha la llamada, se da una respuesta, y se inicia un seguimiento, como ocurrió con los primeros discípulos de Cristo. Pero, ¿A dónde y para qué? Nuestra vocación puede ser al sacerdocio o a la vida consagrada; a las misiones seglares o al matrimonio cristiano. Cada uno está llamado a realizarla de acuerdo a la Voluntad de Dios. Pero en todo caso, siempre será un "Estar con Jesús".

 

Hermanas y hermanos:

 

1. La vocación es una llamada personal. La pregunta de Cristo "¿A quien buscáis?", pone en evidencia el anhelo de felicidad que todo hombre experimenta en su corazón y que hace que su vida se resuelva en el binomio "buscar y encontrar". Todos tenemos vocación a la felicidad y la alcanzaremos en la medida en que demos respuesta a una llamada; a eso se refiere el Evangelio. Dios nos busca. Seremos felices cuando nos encuentre respondiendo a su iniciativa de amor. Es la dimensión divina de la vocación.

 

2. La vocación a la santidad la tenemos todos los cristianos y la realizamos en el estado de vida de casados o de consagrados. Hoy nos conviene poner atención a la llamada que Dios hace a la entrega total. Dios sigue llamando a hombres y mujeres que se ofrecen como alimento para el hambre de Dios. Hombres y mujeres que renuncian a sus vidas, a sus familias, y a la posibilidad de crear otras nuevas, para sentirse un poco de todos. Renuncian al beneficio propio de sus dones personales para ponerlos al servicio de Dios, que es la mejor y la más directa manera de ponerlos al servicio de los demás.

 

3. Es verdad que el encuentro con Dios es siempre personal, pero se percibe sólo a través de las mediaciones humanas. Dios quiere servirse de sus hijos más generosos para que otros le conozcan y le amen. Lugares privilegiados de cultivo de vocaciones son la familia, el colegio, los grupos juveniles y la parroquia. Las vocaciones santas nacen en familias cristianas ejemplares. Asistimos hoy a una crisis general de vocaciones, pero podemos revertirla con una renovación de la vida cristiana y un trabajo misionero. No puede faltar la oración, el apostolado de la solidaridad, las misiones para proclamar la fe. De nosotros depende que comience un nuevo amanecer.

 

Preguntémonos con la mano puesta en el corazón: ¿Rezo por las vocaciones? Si yo percibo una llamada personal de Dios ¿Soy generoso para dar una respuesta? ¿El ambiente de mi familia es propicio para que alguno de mis hijos pueda escuchar la voz de Dios? Pidamos a Dios que nos conceda la gracia de descubrir nuestra vocación personal y de entusiasmarnos para seguirla con toda generosidad. Así sea.

 

Fr. Roberto Mena