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Homilia

Reflexion por:

Padre Roberto Mena S.T.

Director de Comunicaciones

Siervos Misioneros de la Santisima Trinidad





Homilia


Comentario al Evangelio del 17 de Septiembre de 2017. Domingo 24 Tiempo Ordinario, Ciclo A

                                                     

PERDONAR SIEMPRE


La oración del Padre nuestro incluye dos peticiones fundamentales para la vida cristiana: "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Respondiendo a la pregunta de Pedro sobre los límites del perdón, Jesús narra la parábola de dos corazones, el del rey representa a Dios "rico en misericordia" que perdona y olvida todas nuestras deudas y el del siervo injusto que asfixia a su deudor sin compasión.

 

Hermanas y hermanos: Si no aprovechamos el tiempo favorable de la misericordia de Dios, tendremos que oír la condena en el juicio final que nos aleja para siempre del amor divino.

 

1. Lo primero es perdonar, pero ¿hasta donde? La actitud cristiana es la de aquel que busca siempre ardientemente la reconciliación con los que se ha enemistado, de aquel que no quiere mantener la mala cara esperando que el otro reconozca su culpa y venga a decir que le sabe muy mal, aquel que no quiere hacer valer el derecho de la razón que se imagina tener.

 

Esta llamada de Jesús a vivir sin deseos de venganza ni de ganas de hacer pagar al otro "lo que nos ha hecho", es algo verdaderamente exigente. Debemos hacer hoy un buen examen de conciencia y ver si seguimos esta enseñanza evangélica en la relación con aquella persona que me resulta antipática y hacer los propósitos que sean necesarios. . ¿Nosotros nos esforzamos en perdonar? ¿Procuramos no guardar rencor?

 

2. La condición para ser perdonado es perdonar primero. Este es el sentido de la oración del Padrenuestro: "así como nosotros perdonamos a nuestros deudores". Quien se sabe perdonado, lo normal es que perdone. Quien ha recibido gratis, lo normal es que dé también gratis. Como enseña San Cipriano: "Allí donde estabas herido, has quedado curado. Ama a los que antes odiabas, aquellos mismos a los que no podías soportar."

 

3. En un ambiente cristiano no cabe la venganza: Aquella ley del Talión, "ojo por ojo, diente por diente". Nuestra comunidad, nuestra familia, el lugar de trabajo, los amigos, son el ambiente natural de la acogida y el perdón. Miremos a nuestro alrededor y preguntémonos: ¿Cómo nos relacionamos con los demás? ¿Estamos construyendo un mundo de venganza o un universo de perdón? Dios es más humano que nosotros; apropiándonos sus comportamientos, nos humanizamos.

 

La pregunta que hace Pedro es también muy humana: "¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? ¿Hasta siete veces?" Pero Dios no pone límites a su generosidad: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete". Tampoco nosotros debemos poner límites al momento de perdonar a los hermanos. La fuerza del Señor nos llevará a situarnos en sintonía con el comportamiento que Dios tiene con cada uno de nosotros.

 

Fr. Roberto Mena


 


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